¿Esta Venezuela es nuestra culpa?

Navegando por Twitter me encontré con un video en el que agentes de la policía peruana acorralaban a una vendedora de café venezolana y le arrebataban sus termos y artículos. Cuando vi las reacciones al video sólo pude preguntarme. ¿Esta Venezuela es nuestra culpa?

Entre los comentarios había muchos venezolanos y peruanos que rechazaban la acción, asegurando que la joven sólo quería trabajar, lo cual es cierto. Otros nacionales y extranjeros alegaban que simplemente se estaban cumpliendo las leyes.

Más tarde me hice la misma pregunta cuando un conocido al que aprecio y que está ahora radicado en Colombia, criticó a sus compatriotas venezolanos en Facebook por celebrar las fiestas de independencia de Chile, cuando en Venezuela no celebraban las propias. ¿Es nuestra culpa?

No se si será nuestra culpa como ciudadanos pero, lamentablemente, creo que es culpa de nuestras instituciones que este tipo de cosas sucedan y que los mismos venezolanos reaccionen de manera distinta ante ambas situaciones.

La culpa de las instituciones

Tanto el video de Twitter como el comentario de mi amigo en Facebook tienen algo en común, demuestran la falta de interés de las instituciones por hacer respetar las leyes y bienes culturales de nuestra nación.

En Perú hay leyes que prohíben y penan la economía informal. En Venezuela también las hay. Sin embargo, uno de los comentarios más comunes es «aquí hubo muchos peruanos que se levantaron siendo buhoneros».

Eso es cierto, pero seguía siendo ilegal. Dónde estaba la institución reguladora para decirle a esos ciudadanos: «mira hermano, las cosas aquí no son así, tienes que normalizar tu actividad comercial si quieres permanecer en el país», pero nadie lo hizo y hoy, todavía, nadie lo hace.

En Perú sí lo hacen, a veces de la peor manera, como muestra el video, pero lo hacen. Algunos peruanos criticaron esa forma de proceder, pero comprenden que la ley estaba ahí.

Igualmente, en Venezuela existe una ley que multa a aquellos venezolanos que no rinden tributo a sus fechas patrias izando la bandera en esos días.

En esa ley se establece que «los extranjeros residentes también podrán enarbolar su bandera en las fechas patrias de su país», pero junto a la venezolana.

Sin embargo, nunca desde que tengo uso de razón se multó a algún venezolano o extranjero (al menos en los últimos años y en mi región) por no cumplir esa ley.

Peor aún, no existen campañas de educación al respecto, por eso, hay mucha gente que no la conoce y, a quien la conoce, le da flojera cumplirla. Lo que me lleva al otro punto.

Pero esta Venezuela también es nuestra culpa

Aunque estoy en contra del nacionalismo extremo, ese que bombardea países o fomenta la xenofobia, sí considero que es correcto promover la identidad y el orden de una nación, sobre todo si es la tuya. Pero como decía antes, aquí no sólo las instituciones no se preocupan, a la gente tampoco le importa.

En el caso del amigo y su burla a los venezolanos que «celebran» la independencia de Chile, tengo que decirle que nunca vi que en su casa su mamá pusiera la bandera en la puerta en una fecha patria, y los conozco desde que eramos unos niños.

En mi casa sí y, de hecho, uno de mis familiares mantuvo el escudo permanentemente en el frente de su casa hasta que intentaron robárselo. Estoy seguro de que igualmente, ahora que vive en el exterior, este venezolano que se burla de los suyos también tiene que «bailar pegado» en ese país, para evitar ser excluído o, peor aún, expulsado.

Pero en Venezuela la anarquía, la corrupción y la falta de valores son la norma, hasta el punto en que quien no se come la luz en rojo de un semáforo, se colea en la fila del cajero o le grita al chamo porque no se metió de cabeza en la piñata es un «pajúo», un «pendejo».

Descalifican a quien intenta cumplir con las leyes y hasta queda como un inútil dentro de su círculo.

No se si eso pase en otros países, pero se por fuentes cercanas que, en Chile, quienes comercian sin permiso lo hacen con la máxima discreción posible, porque saben que les multan.

En conclusión

Me parece que es más prudente que no critiquemos tan a la ligera las cosas que viven nuestros hermanos en otros países, al contrario tratemos de ponernos en sus zapatos y de comprender que los contrastes por los que sufren en otros países, tal vez son por nuestra culpa.


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