El Electrón Perdido de Nikola Tesla

Calle Nocturna - El electrón perdido de Nikola Tesla

El Electrón Perdido de Nikola Tesla es un cuento de ficción de mi autoría, escrito allá en los 2000 para una iniciativa llamada Cuentos al Vapor, hoy desaparecida. Es uno de mis trabajos favoritos, que lo disfrutes.


No podía ser, en serio que no… ¡Había pasado toda su vida, grandes horas de estudio, de imaginación, de teorías, de postulados, de burlas de los vecinos y miradas extrañas..! ¡Tantas cosas para llegar hasta acá y ahora nada salía bien!

Era inaudito, ¡inaceptable! El entonces desconocido Nikola Tesla dejó todo y, agitando sus brazos en señal de frustración y enojo, salió del taller rumbo a la calle, a pensar.

El causante del desastre despertó algo desorientado por los golpes. Los sube y los baja y el intenso calor le llevaron al borde y saltó, desesperado, hacia ese universo rígido y congestionado llamado tierra.

Era inmenso, aun en aquel modesto taller, el universo que le rodeaba. El pequeño electrón se emocionó al ver el brillo de la luz de la luna por la ventana y salió a investigar.

Dio un inmenso salto y algunas láminas de metal dejadas sin cuidado sintieron un emocionante calor, sin poder resistir el impacto de aquel ente que les atravesó durante su recorrido; estaba ahora en la ventana, mirando a la luna.

Por una ranura escapó a la calle y muy despacio fue abriéndose paso a este nuevo y gigantesco mundo iluminado por estrellas de fuego alimentadas por aceite, que brillaban dentro de aquel extraño material transparente que ya había visto en la ventana.

Andaba sin prisa, mirando las estrellas, fascinado. Desde que las descubrió, detrás de aquel raro material transparente, el electrón no dejaba de maravillarse con la belleza de los astros nocturnos.

Se emocionaba tanto que él mismo comenzaba a brillar, se sentía enamorado, ilusionado con tocar una.

De ahí en adelante pasó dos noches contemplándolas, soñando con ellas y zumbando y brillando de emoción al mirarlas. Dos noches muy distintas para el desesperado genio de Tesla, que no conseguía el elemento faltante para completar su brillante invento.

Calle Nocturna - El electrón perdido de Nikola Tesla
Fotografía de Cesar Nistal – www.cesarnistal.com

Pero fue a la tercera noche que algo nuevo e inesperado ocurrió. Mientras miraba como siempre al cielo estrellado, gotas de agua empezaron a caer.

Sorprendido por aquel descubrimiento, intentó descifrar el origen de aquellas gotas y empezó a mirar con rapidez al cielo, tratando de ver de dónde provenían.

Cuando por fin logró divisar esa masa grisácea que cubría al cielo y sus amadas estrellas y traía en su lugar la lluvia empezó a luchar por alcanzarla, ahuyentarla.

“¡Deja a mis estrellas en paz!”, gritó, dando un salto que dejó un gran brillo detrás de él y atravesando, sin querer, una gota de agua. Se sintió entonces cargado de emoción, sentía que todo su ser vibraba en contacto con aquel líquido que parecía ser un activador de un sorprendente super poder que desconocía.

La distancia de su salto fue también más larga como consecuencia de aquel arrebato de energía y de inmediato aprovechó aquel descubrimiento para saltar más y más alto, dejando un ligero resplandor como el primero siempre detrás de él.

Fue así como alcanzó a la nube y con un gran grito, lleno de enojo y emoción volvió a gritar “’¡Déjalas en paz!”. Sin dudarlo se sujetó con fuerza a la falda de la inocente nube, que le miraba confundida por todo aquel suceso. «Pero yo sólo hago mi trabajo», dijo el nubarrón.

No había manera, aquel diminuto y poderoso ser no entendía de razones, eufórico gritó una vez más: «¡Que te apartes!»

Durante el forcejeo una colega nube se dio cuenta de la situación y se acercó para asistir, tratando de aplastar al saboteador contra su compañera.

Al chocar los tres hubo un gran destello y un inmenso ruido, un poderoso trueno hizo saltar a la ciudad y él salió disparado hacia abajo, sorprendido pero lleno de emoción, hecho un sorprendente haz de energía que iluminó la noche y encegueció a los amantes furtivos.

En su pequeña dimensión nunca se alejó mucho del taller de Tesla, donde empezó su aventura, y ahora siendo un nuevo y poderoso rayo se precipitó con gran fuerza y orgullo de vuelta a su lugar de origen. Otro estruendo: ¡Brrrrrrruuuuuuummmmmmmmmmm! Y entonces dejó de llover.

“¡LO LOGRÉ! ¡HA RESULTADO! ¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!”

El joven Nikola Tesla bailaba y festejaba lleno de emoción mientras su nuevo motor de corriente alterna cobraba vida por primera vez. El joven e impetuoso electrón perdido había vuelto, ahora todo encajaba.

A partir de entonces el mundo empezó a disfrutar de la energía eléctrica y el ahora viejo electrón pasea por todos los tendidos, viajando desde Australia hasta Canadá, en cada circuito en que puede colarse.

A veces, sin embargo, extraña a las estrellas, por lo que se asienta en las ciudades a convencer a algún joven colega aventurero de lo maravilloso que es el mundo afuera. Cuando lo logra y el joven escapa, hay de nuevo batallas entre electrones y nubes, hay otra vez tormentas eléctricas y apagones y mientras tanto, en la oscuridad, el viejo electrón contempla las estrellas.

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