Veo Gris

Siempre he sido bastante reservado en estos medios digitales con respecto a algunos temas de mi personalidad. Aunque como todo el mundo, los vivo a diario, aspectos como cierta vivencias de nuestro bebé, mis inclinaciones políticas o creencias religiosas rara vez se verán filtrados en cualquiera de las redes sociales. En el blog quizás sí vean algo más, sobre todo de lo segundo, pero para eso lo reviví.

Y es que lo gracioso es que sobre el tema político y social de mi nación es sobre lo que más reflexiono en estos días, quizás porque empiezo a notar que muchas de las cosas que planifiqué y soñé con tener no se han logrado y cada vez acumulo más canas en mi cabeza.

23 de enero gris

Hoy, mientras un repentino corte eléctrico interrumpe mi jornada de trabajo, me puse a pensar sobre el día de ayer, 23 de enero de 2019, y las cosas que ocurrieron en mi país. Como periodista de una de las redes de radio más grandes del país y una de las pocas que, como puede, trata de informar de todo lo que pasa en la nación, tuve el privilegio de seguir los acontecimientos desde varios ángulos y con todos los actores posibles. Una especie de película se iba narrando en mi cabeza con cada noticia que leía, redactaba, narraba o compartía.

No puedo negar que había emoción en mi corazón con todo lo que pasaba, pero al final del día, entre lo malo, lo bueno y lo loco de ese acontecimiento político y social de ayer, quedó en mi una sensación de gris. Una escala de grises que no termina de alegrarme ni de entristecerme y que espero que empiece a colorearse pronto.

Y, ¿por qué gris?

Porque a pesar de todas lo ocurrido ayer, hoy volvimos a lo mismo. Hoy no hay ninguna diferencia en el país en el que vivo.

Hay quienes están de un lado defendiendo a un gobierno que ha convertido a la nación en una anarquía. Ese lado tiene un libreto, lo que hizo el señor de la oposición es ilegal, el que está en el poder llegó ahí electo y tal y que se yo.

En el otro lado hay quienes dicen que el ilegal es este, que el señor hizo lo que hizo amparado en la Constitución, que este otro es un usurpador y que el otro sí nos va a llevar a la prosperidad y democracia.

Hay gente de abajo, del pueblo que defiende con firmeza el argumento del señor en el poder. De igual manera, hay otros festejando lo que hizo el señor que se juramentó en la tarima.

Mi problema, nuevamente, es que soy la oveja gris, estoy encerrado en el medio, sin ver una salida optimista en ninguno de los dos lados del paquete. Y no la veo porque comparto, irremediablemente, parte de las opiniones de los dos bandos.

No estoy de acuerdo, para nada, con el señor en el poder. El daño que han hecho el y su gente se nota a diario, en cualquier parte. Hasta el punto en que la trampa, el amiguismo y el soborno se han vuelto naturales en mi país.

Pero ese señor está en el poder, y tiene al poder de su lado. Los gobernadores lo apoyan, y todas las gobernaciones están en su poder, porque el otro bando político lo permitió, duélale a quien le duela.

Más aún, tiene a los militares de su lado. Porque puede que algunos grupos “se levanten”, pero mientras las altas cúpulas estén de lado del “sistema”, lo demás no cambiará. Sobre todo porque, precisamente, el máximo tribunal también está de parte de ese sistema.

Por eso, cualquier persona sin el mínimo de poder que intente de verdad levantarse caerá en las garras de un modelo de justicia tan terrible que inevitablemente arruinará su vida.

Por último, también, duélale a quien le duela, todo ese sistema fue perpetuado ahí por unas elecciones “constitucionales” porque, aunque yo también estoy seguro de que están enmarcadas dentro de una ejecución bastante dudosa, fueron convocadas por el poder electoral instalado y aunque con un número de participación también dudosamente bajo, se ganó con una mayoría interesante. Y aquí se gana por mayoría simple.

De nada sirve decir que “casi nadie votó”, porque la mayoría de quienes sí votaron, los ratificó a todos en el poder.

Pero el otro lado también tiene razón, precisamente esas elecciones fueron sombrías, todo el proceso, un organismo electoral que tenía años sin “poder organizar elecciones porque no había condiciones”, de repente montó todos esos procesos sin dudarlo, sin chistar, y todas las condiciones se dieron.

He visto también, como comunicador, la cantidad de cosas injustas que se hacen en nombre de un sistema de gobierno que habla de estar con el pueblo mientras lo ataca.

Eso sí, reconozco algo de ese señor, tuvo la determinación de deci y hacer algo. Eso ya es, en mi opinión, un buen paso, teniendo en cuenta que, para el resto pareciera que detrás del discurso de ese lado, están los deseos de que todo siga igual, para ellos seguir sacando provecho de estar donde están, sin meterse en el paquetón que significaría levantar este país.

Y el pueblo “nanai”

Mientras tanto, la otra parte importantísima para hacer valer un cambio de rumbo, el pueblo, sigue perdida en dos extremos de un juego lleno de perdedores.

En una esquina los que se ensañan contra el pueblo, bachaqueando medicinas, comida, repuestos, y demás, jugando con la vida de sus hermanos.
De hecho esta mañana, un conocido me decía “seguimos igual. Haciendo una cola por horas para comprar, a precio regulado, una batería para mi carro que quizás nisiquiera llega hoy”.

Ya en las oficinas de las instituciones no te resuelven nada, pero si le pagas a la persona correcta, el problema se resuelve de inmediato. Ya no consigues los productos en el supermercado a los precios que deberían, sino que suben por hora.

En los hospitales sigue sin haber medicinas, mientras que en los grupitos de whatsapp e incluso algunas farmacias, aparece a precios tan altos que con un salario debes decidir entre tratar tu mal de salud, o saciar el hambre, sabiendo que tarde o temprano, uno de los dos puede matarte.

En la otra esquina, están las personas que creen en lo correcto, pero que se ven tan envueltas en el círculo vicioso que es imposible romperlo. Si no le pagas al bachaquero por el antihipertensivo, te mueres. Si no le pagas al bachaquero por la comida, no comes.

Si no le pagas a alguien el favor, no te resuelve el problema que la institución no puede resolver. Así que pagan, sin opción, sin esperanzas, sin ánimos ni siquiera de resistirse sabiendo que al final, sólo gastarán más energías sin lograr ningún cambio.

Y así estoy, gris, porque veo espectáculos, pero no siento cambios.
Ahora supuestamente tenemos dos asambleas nacionales, una con C y otra sin C, ambas legítimas y ambas usurpadoras… Y ambas igual de inútiles. Tenemos “dos presidentes”, cada uno se juramentó interpretando a su conveniencia nuestra Constitución… Y cada uno igual de inútil.
Y sin embargo, con tanto y tanto poder, mi gente sigue sufriendo, mi gente sigue huyendo, mi gente sigue muriendo.
Por eso en mi no hay colores, no hay optimismo, sólo hay gris.
Sólo pido a Dios que llegue el momento en que Él diga YA BASTA y, de una vez por todas, restaure lo dañado y nos llene de color a todos.

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