Mucho cuento y poco pernil

Llega una nueva temporada decembrina, la segunda que atravesamos en la más profunda y compleja de las crisis de los últimos años y, otra vez, como la temporada pasada, la gente expresó su descontento porque al final, no comieron pernil, o comieron muy poco.

En aquella ocasión, en el 2017, el presidente de la República anunció con bombos y platillos que, para el 15 de noviembre de ese año, arrancaría la distribución 5 o 6 kilos de pernil para cada hogar venezolano, venta que se haría por medio de los Comités Locales de Abastecimiento (que no de producción) y las Ferias del Campo Soberano “a precios justos acordados”, “para garantizar las navidades felices de los venezolanos”.

Y nos dieron las diez y las once… ♫

Así dice la canción, y así dijeron los ciudadanos de distintas regiones del país en las redes sociales, ante los medios, en las calles. Llegó el 18 de diciembre, llegó el 20, pero el pernil nada que llegaba.

En redes sociales la gente expresaba su descontento cada vez que le daban pie a la queja y, en algunas regiones, incluso se atrevieron a salir a la calle a reclamar que se cumpliera la promesa. Así pasó en Barquisimeto, donde la gente, entre consignas, le reprochó a su gobernadora, Carmen Meléndez por haber roto sus ilusiones: “¿Donde está la esperanza”?, era una de esas consignas.

En Cumaná también se quejó la gente, unas 400 familias de la comunidad Brasil salieron a la calle gritando a coro “Queremos pernil y la bolsa de comida”, desilusionados de no ver llegar el polémico rubro. Era ya el 27 de diciembre, pero el pernil todavía no llegaba.

Yo te lo juro que yo no fui… ♫

…Cantaron en seguida los dirigentes. El presidente acusó a Portugal de “sabotear” la llegada de los perniles a Venezuela: “Los portugueses se comprometieron, los asustaron los gringos y no mandaron los perniles”, afirmó. Pero Portugal se defendió, diciendo por medio de su embajador, Augusto Santos Silva, que “el gobierno portugués no tiene el poder para sabotear esa venta”.

Bernal acusó a Colombia, diciendo que ese gobierno mantenía retenidas en Paraguachón, localidad fronteriza que colinda con el estado Zulia, un total de 2 mil doscientas toneladas del producto. Y hasta el gobernador guariqueño, José Vásquez, aseguró que un “boicot” había impedido que el rubro se vendiera a tiempo al pueblo.

Y este año pasó otra vez

O al menos pasó algo parecido. Después de prometer, nuevamente, un pernil por hogar, las cuentas volvieron a salir chucutas y en varias regiones del país los esperanzados compradores recibieron el notición de que no sería por hogar, sino uno para dos o hasta tres casas. Los voceros comunales hacían lo posible por contener el enojo de los vecinos después de explicarles que no había cerdo para tanta gente y, por eso, habría que dividir lo repartido.

En Guárico, el constituyente Cristopher Constant fue uno de los multiplicadores de la gran noticia, que compartió con los voceros de los CLAP un cuadro en el que detallaba la cantidad de carne recibida para los 15 municipios del estado llanero: “De 330 mil familias en Guárico, solamente llegaron 90 mil perniles”, decía el mensaje que acompañaba el cuadro, una cantidad que, según él, sólo cubriría el 30% de la población guariqueña.

También ocurrió en Caracas, en Petare, en Lídice y en los bloques de Pedro Camejo, donde una vecina informó que en esos bloques son dos apartamentos por piso y el pernil sería compartido entre las dos familias. Algunos “agarraron fallo”, otros siguen esperando a que les vendan lo que les prometieron.

“Al menos este año llegaron a tiempo”

Dirán aquellos que consideran que se debe “estar agradecidos por el esfuerzo gubernamental”, pero lo cierto es que otra vez le hicieron a la gente promesas que no pudieron cumplir, y volvieron a pedir el voto en unas elecciones, sin tenerlo merecido. Porque cuando una autoridad promete, ha de cumplir. Es su trabajo, para eso se le eligió.

Por agradecer los trabajos hechos a medias, los “peor es nada” es que estamos como estamos, esperando soluciones a los problemas de servicio eléctrico que no llegan, esperando que se arregle el creciente problema del transporte público, cuando han pasado más de los 100 días en los que, según sus promesas, resolverían todo. Esperando que “la caja CLAP llegue cada quince días”, promesa que ha sido reciclada más veces que el billete de cien.

Esperando por una recuperación económica mientras vemos como el nuevo cono monetario empieza otra vez a desvanecerse ante nuestros ojos.
Y mientras tanto aquí seguimos, comiendo mucho cuento y poco pernil.


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